Experiencia estética a través de lo extra-artístico

  • Escrito por Ara Carreón


La representación de un momento específico capturado a través de un aparato visual puede transportarnos al contexto de donde esté nace y se presenta en “el instante” o hace muchos años, brindarnos información respondiendo a un qué, cuándo y dónde como lo hace el periodismo a través de sus géneros informativos; incluso puede tener posturas ideológicas evidentemente marcadas, tanto políticas, religiosas o sociales. Todas las formas de volver a presentar un suceso son claramente llevadas al plano de íntegramente objetivo, pero, ¿Qué sucede con aquellas efigies que nos hacen sentir? ¿Pueden ser consideradas “obras artísticas”? ¿Qué sucede con esa foto que no queda en un lugar reconocido por las personas consagrados de esta labor?


“El simple hecho del gusto o disgusto, es ampliamente una labor de la estética y de la propia formación del individuo para poder disfrutar o no de cierto objeto”


Aunque claramente existe un debate que se ha resuelto (o no) a través de los años sobre si la fotografía merece ser reconocida como obra artística, lo que nos atañe en este escrito, es más bien, saber qué pasa cuando nos topamos frente a algo que puede subir o bajar nuestras pulsiones de vida o muerte; además, hacer una clara reflexión sobre la importancia de que cada imagen que se presente ante los demás, sea con una clara idea de mantener un sentimiento tanto negativo o positivo en la persona que lo visualiza, es decir, permitirnos una vez más que no se haga contenido que pase por la rama únicamente de la técnica, incluso acostumbrarnos a que nuestro trabajo fotográfico disguste, sea desagradable o que simplemente sea crudo e incomprensible de digerir, ya que entonces, estaremos logrando una experiencia estética e incluso algo extra- artístico que nos pueda permitir liberar las emociones o sentimientos, logrando llegar a la ruptura. Para definir lo que se va a entender por estética y las formas en las que se puede representar formas extra-artísticas en el terreno de lo social cito a Jan Mukarovsky (2011), quien define que “cualquier objeto y cualquier acción (sea un proceso natural o una actividad humana) pueden llegar a ser portadores de la función estética.” (p. 47) Es decir, los lugares, las cosas, las prácticas o los sentimientos, que se expresen a partir de formas (como es el caso de la fotografía)  tendrán cabida en el ámbito de lo estético. Es entonces importante decir y señalar que el punto de una fotografía desde esta postura busca más allá de que el ojo humano obtenga información de cualquier índole, hacer sentir, apelar sensiblemente a los sujetos que se impacten con “el objeto fotografiable” que nosotros estamos formando desde nuestra perspectiva. 

El simple hecho del gusto o disgusto, es ampliamente una labor de la estética y de la propia formación del individuo, para poder disfrutar o no de cierto objeto. Con esto confirmamos que si bien, las fotografías que uno va exponiendo desde sus trincheras, no son ampliamente reconocidas por alguna entidad que constate el valor “artístico” o las catalogue como “buenas”, pueden estar entonces entrando a la esfera de lo extra- estético, siempre y cuando se busque la calidad de gustar, disgustar, incomodar, llegar a la complejidad e incluso generar emociones positivas-negativas, sobre lo que se plasma en un soporte. Así que, si usted se ha sentido mal por no estar en una revista, en un museo, perder premios altamente reconocidos, no se preocupe, lo extra- artístico rara vez va a responder a las corrientes o dogmas propuestos por las autodenominadas “vacas sagradas”, pero sí estará generando una ruptura en esas esferas y una democratización de lo incómodo que es el sistema social bajo estos estándares. 


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Fuentes Bibliográficas:

Mukarovsky, J., (2011) Función, norma y valor estéticos como hechos sociales, Buenos Aires, Argentina: El cuenco de Plata Ediciones.



 

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