Hablar de fotografía

  • Escrito por Tabata Roja

Siento, pienso y hago fotografía para quedar a merced de mi misma, desenmascarada y desnuda.

Cuando me ofrecieron participar de esta sección no dude en tomar la oportunidad, escribo desde la adolescencia pero nunca me permití tomármelo “seriamente”, ya saben por eso de que nosotras las mujeres no tenemos nada relevante o interesante para decir. Si hay algo en lo que me siento como “pez en el agua” es detrás de la cámara, pero la escritura es otra historia por completo, es una parte fundamental de mí y a la vez algo que me genera mucha inseguridad.

El fantasma de la idealización de la “educación superior” -esa que es blanca y patriarcal de raíz- se me aparece de vez en cuando a la mitad de algo y para ser honesta, me paraliza un poco, es difícil sacarte de la cabeza las miles de voces repitiendo que no tienes nada para decir, que no eres inteligente o que quién te crees que eres para escribir si no tienes un título en letras o algo así, que la gramática y lo “correcto” son lo importante, no lo que hay dentro del texto.

Habiendo dicho esto, lamento desilusionarles si venían a buscar la prolijidad en la escritura y claridad sobre la fotografía de Susan Sontag -jajaja, tenía el descaro de ponerse en la misma línea que ella, tal vez en otra vida-, por que no será así, todo lo que viene a continuación no es más que verborrea, un intento torpe y un tanto inocente de ponerle orden al caos detrás de mis ojos; palabras que buscan significar y no un sentido dentro de una normativa.

¿Pensar en fotografía? ¿Hablar de fotografía? ¿Fotografía? Hacer foto, Ver foto, Ser foto.

Para mí la fotografía es la única manera que he encontrado de comunicar conmigo, es el idioma que aprendí sobre la marcha para poder decodificar lo que sucede al fondo de mi cabeza y que se manifestaba de maneras incomprensibles para mí y para quienes han estado alrededor mío.

Podría ocupar este espacio para hablar de lo que “está bien o mal” dentro del marco de la técnica fotográfica, pero eso sería posicionarme como purista o como maestra; los puristas no existen, yo creo que se llama pretensión y maestra es lo último que tengo intención de ser. Con esto no estoy demeritando las implicaciones técnicas dentro de la fotografía, ésta es un método de comunicación y como tal tiene fórmulas y estructuras. La técnica es importante, pero en definitiva no lo es todo ni lo más relevante. Para mí no tiene sentido -fuera del orden decorativo- una fotografía perfectamente compuesta y con todas las escalas posibles de gris que Ansel Adams nos dijo que debe haber, si la fotografía no tiene “espesor” (más adelante profundizo más acerca de lo que entiendo por el espesor de una fotografía).

Me resulta bastante complicado exteriorizar lo que siento con/por la fotografía, es una extensión de mí, es mi sentir, mi pensamiento, el registro de mis ojos; la prueba de mi memoria y existencia. Hacer foto al inicio era sólo un método de reproducción (el autorretrato y fotografía de desnudo llegarían a mi vida muchísimos años y golpes después), una prueba de que algo existió de determinada manera, algún rostro; la evidencia de algún sentimiento.

Gracias a la foto pude comenzar a vivir con cierta “continuidad”, de niña tenía problemas con mi memoria, en especial cuando se trataba de los rostros de mis padres a quienes recordaba con la edad, ropa y contexto de la última foto que hubiese visto de elles, pero en situaciones que habíamos vivido una semana antes de ver esa foto. Viví mi infancia y parte de la adolescencia con mi abuela y fue de ella de quien aprendí a acumular memorias, pasaba horas sumergida en las infinitas cajas y álbumes de fotografías que tiene en su casa. Cada foto me contaba una historia diferente, cada foto tenía un sentimiento distinto, cada imagen me sumergía en una realidad en la que yo aún no existía y me generaba un fuerte sentimiento de lo que ahora entiendo cómo nostalgia. Ver esos álbumes y cajas me daban una idea como había sido la vida de mi familia; específicamente de mi abuela, me resulta fascinante lo distinta que ha sido en cada una de sus etapas y viendo en conjunto todas esas fotos, la mujer que yo veo hoy es totalmente congruente con la evolución de la mujer en esos fragmentos de tiempo en papel mate amarrillado por viejo y de esquinas rotas.

Tabata Roja © “Isabella”. Ciudad de México 2017. Hasselbldad 500C/M

Tabata Roja © “Mi Abuela Dolores”. Ixtapa Zihuatanejo, México 2018. Nikon F.

Tabata Roja © “Autorretrato Sin Título”, Ciudad de México 2017. Nikon F.

Todas esas imágenes me daban acceso a información que no era capaz de entender y constantemente se cruzaban con mis propias memorias, esta situación me llevó a vivir inmersa en una gran confusión que no tenía la manera de comunicar por la sencilla razón de que no la entendía; me comía viva no poder diferenciar entre lo que  había vivido de lo que había visto en alguna foto. Las palabras “distraída”, “tonta”, “complicada” y “loca” me han acompañado desde muy niña gracias a esto.

Ya no recuerdo quien dijo que nuestra obra preexiste en nosotras y ahora que he tenido el tiempo (a.k.a. privilegio) de sentarme con un porro -o tal vez más- a pensar en el desarrollo de mi vida, coincido con esa idea y va ligada a lo que entiendo por “espesor” en una fotografía.

La obra no es más que el resultado o “forma final” de un pensamiento/sentimiento/pulsión, de una búsqueda expresiva, ésta muta y siempre deja huella. El espesor es esa evidencia de los cadáveres de las formas anteriores de esa misma búsqueda, nuestra obra pre-existe en nosotras y se manifiesta en esa primera pregunta/incomodidad que necesita salir de una para ser vista y con suerte, comprendida.

La fotografía me hace consciente de la finitud del momento, hablar de fotografía es hablar de la consciencia de la finitud propia y de como intentamos dejarnos a nosotras mismas pruebas de que fuimos para poder ser.

No olvidar recordar se repite en loop en mi cabeza.
Recordar no olvidar en cada fotografía.
Olvidar el recuerdo en cada palabra que sale y no regresa.
Me gusta pensar en ser autodidacta como la profesionalización de las pulsiones…

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